Quisiera compartir con vosotros, ante los rumores insistentes de que el Ciudad Ros Casares no continuará como tal en la Liga Femenina (peligra su patrocinador y, en consecuencia, la calidad de su plantilla) un artículo que escribí hace algunos meses pero que no pudo ver la luz por discrepancias editoriales.
Pero para eso tiene uno un blog: para poder escribir lo que quiera cuando quiera. Más allá de esto, pretendo explicar con conocimiento de causa por qué se ha llegado a esta situación y cuál es la realidad tanto de la empresa como del apartado deportivo.
Espero que a los aficionados al deporte en general, al baloncesto en particular y al femenino en especial les sirva para comprender lo que desde el club valenciano se ha ido tapando a base de pagar a algunos medios por publicar noticias redactadas desde la misma entidad, sin atisbo alguno de crítica. Aquí va.
En la semana donde el balonmano femenino español ha ganado por primera vez en su historia una medalla en un Mundial, cabe dejar claro el inmenso mérito de los mecenas del deporte no masculino. Sin el dinero de esas empresas sería inviable disponer de equipos de élite en disciplinas como por ejemplo el fútbol, el voleibol o el baloncesto.
Sin embargo, debe saber la gente que estos patrocinios no vienen dados ni por el convencimiento ni por la pura bondad. Es cierto que hay un componente altruista, pero mucho más allá subyacen tres razones: desgravaciones fiscales, imagen de marca y, sobre todo, acercamiento MUY FÁCIL a las instituciones.
El caso más claro en Valencia es el de Ros Casares. La empresa siderúrgica inició hace más de 10 años su apoyo económico al por entonces club de Godella. Inmediatamente después se lo llevó a Valencia (más subvenciones y más posibilidad de negociar con Ayuntamiento y Generalitat) y comenzó a acumular premios industriales que no había cosechado en 49 años de historia. Buena gestión.
Mientras, a golpe de talonario se hizo acreedor de todos y cada uno de los títulos que pueden ganarse en España. En una Liga Femenina donde la mayoría de jugadoras no son profesionales, jugar en la capital del Turia era un caramelo económico y deportivo. Solamente el Barcelona, en alguna ocasión y algo más tarde el Salamanca pudieron toserle en territorio nacional. Pero comenzó la obsesión por ganar la Euroliga.
En ese afán, se contrató como directora general a Carme Lluveras, que no solamente dispuso (y sigue disponiendo) de mucho más dinero anual que todos sus predecesores juntos sino que con equipos más limitados que los de esta temporada consiguió jugar (que no ganar) dos Final Four. Hasta aquí el apartado histórico. Vayamos con la realidad actual.
Es curioso que cuando uno entra en la página web de la empresa, el último dato es que facturó más de 1.000 millones de euros en el año 2007. Han pasado ya casi cinco años desde entonces. Pero ahí sigue el dato. Y es totalmente lógico, porque aunque no ha trascendido demasiado, la compañía ha sufrido un ERE salvaje.
En apenas cuatro años, se ha pasado de 1200 empleados a 780. Si los cálculos no me fallan, eso significa un 35 por cien de despidos. Los últimos, 10 de ellos, llegaron a inicios de año en la sede central de Valencia. Pero no hace ni tres meses que algunos empleados (que no jefes) tuvieron que irse a Francia a dar la cara y cerrar una de las delegaciones. El ambiente no fue precisamente de bienvenida.
Y mientras continúan los recortes, el club de baloncesto acumula el mayor presupuesto de su historia. Nunca se hace oficial, pero las varias voces que hemos podido consultar nos hablar de más de tres millones de euros. Y los sueldos, cuyo tope estaba en los 100.000 euros de Alessandra Santos en 2005, llegan hasta los (dicen) 500.000 euros de Lauren Jackson.
Muchos de los trabajadores que ya no disponen de un puesto en la empresa levantina no acaban de comprender como Francisco Juan Ros primero y su hermano Germán después mantienen una estructura donde Lluveras vive en un hotel a costa del club y se traen jugadoras que pese a ser las mejores del mundo, han llegado a precio de crack en el ocaso de sus carreras.
Deportivamente, es evidente que los modos de la directora general, con plenos poderes, han llevado a esta situación. Maltrató a jugadoras comprometidas como Elisa Aguilar o Amaya Valdemoro, echó a técnicos haciéndolo oficial a las once de la noche en el último párrafo de una crónica para tratar de minimizar las críticas y consiguió algo histórico en el club con el mayor presupuesto de largo de España: no ganar ni un solo título la temporada anterior.
No menos curioso es el caso del Presidente actual, Germán Ros, que pasó de criticar a su hermano en las Juntas de Accionistas por gastar dinero en baloncesto femenino a ejercer como mandatario, si bien sin intervención directa en las políticas de fichajes.
Las preguntas que derivan de esta situación son evidentes: ¿Es rentable patrocinar al equipo solamente por las ventajas fiscales que ello implica? ¿Vale la pena gastar un dinero que no tiene la empresa buscando el más alto objetivo, la Euroliga, cuando tendrías el mismo reconocimiento siendo campeón en las competiciones nacionales y ahorrando dos tercios? ¿Ha ayudado a la empresa el hecho de poder acercarse a las instituciones, como por ejemplo consiguiendo un puesto como consejero en Bankia? ¿Es por eso, y no por altruismo, que sigue el logo de Ciudad Ros Casares en las camisetas?
Es época de vacas flacas en el deporte y mucho más en los patrocinios. Y es muy complicado que una empresa apueste por una disciplina minoritaria. Pero mucha gente se pregunta qué es primero, si los trabajadores o el marketing. Y, en este caso, acaba por dar la sensación de que es más rentable lo segundo. Aun a costa de la pérdida de 420 empleos.
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