Hay clubes que, sean como sean (o hayan sido como hayan sido) sus estrellas del pasado, saben que representan una imagen gloriosa de su historia que les permite acercarse a cualquier cargo o institución de una manera muy sencilla.
No me gusta poner de ejemplo a Real Madrid, porque sobre todo últimamente ha hecho muchas cosas bastante mal, pero sí tiene un aspecto en los que supera al resto de clubes por más de una cabeza: el mejor jugador de su historia ha sido Alfredo Di Stéfano, que apenas puede hablar y mucho menos caminar de forma fluida. Y sin embargo, siempre está presente en los actos de la entidad y hasta ¿responde? a preguntas de los internautas en Marca.com.
Lo que el argentino es el conjunto capitalino lo es sin duda Mario Kempes al Valencia Club de Fútbol. Su mayor icono histórico, un enorme goleador que dio títulos al equipo y se proclamó campeón del Mundo vistiendo todavía sus colores con Argentina.
Sin embargo, para la gente cercana al fútbol es muy evidente que 'El Matador' jamás podría ocupar un cargo directivo. Y, si me apuran, tampoco técnico. Su imagen y su preparación no son adecuadas ni suficientes para lo primero. Y en sus escasas aventuras en los banquillos no ha dejado ningún tipo de huella reseñable.
Pero hete aquí que los modernos clubes de fútbol buscan como locos embajadores de su imagen. Que tienen cada semana comidas entre directivas donde habitualmente los exfutbolistas-consejeros cuentan anécdotas y amenizan las veladas. Que asisten a sorteos europeos en los que los medios de comunicación buscan a leyendas del balompié para preguntarles su opinión, no a modernos portavoces de traje y corbata que no aportan demasiado a la hora de analizar los emparejamientos.
El Bayern de Munich ha tenido la suerte de que dos cracks históricos hayan sido además excelentes técnicos y dirigentes. El Barcelona arrastra todavía la magia del Dream Team en figuras como Andoni Zubizarreta. Hasta la UEFA pensó en Belodedici para sacar las bolas de la Europa League cuya final se disputará en su país.
Hay cosas que el Valencia ha hecho muy bien (aunque en alguna ocasión de forma mejorable): que los nuevos fichajes estén acompañados en su presentación por ex-jugadores de gran nivel u ofrecer los reconocimientos que no tuvieron en su momento figuras como Benítez o el propio Kempes (aunque en ambos casos se aprovechó su estancia temporal en la capital del Turia, por lo que no corrió ningún gasto de viaje a cargo del club).
Aun así, ni Javier Gómez ni Jordi Bruixola ni Manuel Llorente y ni siquiera Damià Vidagany son personas que deberían representar al club en actos oficiales de alto nivel, porque el prestigio y los focos también se ganan con personajes reconocidos, no con tecnócratas.
Que Mario lleva la misma chaqueta desde hace 30 años? Que se compre un traje o se ponga el del Valencia. Que no debe asistir a las reuniones del Consejo de Administración? Que no lo haga. Que hay que controlar lo que dice y cómo lo dice? Para eso hay un departamento de comunicación.
Al final, la gente quiere hablar y comer con sus ídolos. Y, seguramente, se le van a sacar más cosas a muchas personas e instituciones si la conversación la lleva un campeón del Mundo que un director general ejecutivo.
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