Hay una canción de Killers titulada así, donde Brandon Flowers canta con resignación que se siente cansado, que debe orar por el autocontrol, que tiene que obligarse a creer que todo vale la pena y donde concluye señalando que las ruedas siguen girando. El show must go on de toda la vida.
Esa es la sensación que a mí, como supongo que a muchísimas de las personas que lean este post, les queda un día sí y otro también. No esconderé que suelo ser optimista por naturaleza, que afortunadamente a día de hoy tengo trabajo (de lo que me gusta, además) y que gozo hasta el momento de buena salud. Pero me toca soberanamente las narices no solo que los bancos y los dirigentes me tomen el pelo sino que dé la sensación de que por mucho que lo intentemos pocas cosas estamos pudiendo cambiar.
Vivimos en un mundo en el que los políticos condenan públicamente a Gaddafi mientras realizan tratos secretos con él. Y, si alguien protesta, nos explican por una parte que no pueden intervenir en políticas ajenas (cuando lo hacen si les interesa, como en Irak) pero luego nos dicen que si queremos ir en coche al trabajo necesitamos su petróleo.
Vivimos en un mundo en el que, al menos en España, la realidad nos dice que tan solo podemos votar a dos partidos políticos para 'cambiar' algo que no va bien. Nuestras alternativas son las personas que nos empujaron a la burbuja inmobiliaria y a los contratos basura o los que han llevado a nuestro país a cinco millones de parados.
Vivimos en un mundo donde con NUESTRO DINERO, ganado con NUESTRO TRABAJO, gente que se dedica a especular ha creado un sistema financiero que no podemos controlar porque depende de valores volátiles. Inexistentes. Abstractos. Y si la bolsa baja en Tokio a nosotros nos sube la cesta de la compra y no podemos llegar a fin de mes, mientras ellos se embolsan primas de millones de dólares con un movimiento de ratón.
Incluso podríamos decir que vivimos en un mundo donde no somos capaces ponernos el despertador cuando van a cambiar la hora. Y dormimos angustiados porque no sabemos si nuestro móvil la actualiza automáticamente o habrá que hacer malabares para llegar a la hora al trabajo.
Muchas veces me pregunto qué diría mi abuelo, con quien he soñado hoy, de nuestro modo de vida. Él me enseñó que las cosas son fáciles: eres agricultor, cultivas la tierra, recolectas, vendes tu producto y entre medias intentas ser feliz con tu gente.
Me imagino que se cagaría en la puta madre de los mercados. De su nerviosismo. Del Fondo Monetario Internacional. De Trichet. Y hasta de Alan Greenspan. Y seguro que, viendo las noticias, diría que para qué cojones se reúnen en grandes cumbres los políticos si nunca consiguen arreglar nada.
Pues eso
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